La palabra reflejo proviene del latín y significa literalmente “echarse hacia atrás.” Originalmente, reflejar significa enviar de vuelta la luz de una superficie reflectora (como en un espejo o un estanque reflector). Con el tiempo, sin embargo, su uso se extendió más allá de lo físico para implicar los propios pensamientos en una dirección particular. Si algo está ausente, puedo llevarlo de regreso al ojo de mi mente mediante el reflejo.

La capacidad de la mente para reflejar es, a la vez, una bendición y una maldición. Es una maldición cuando permitimos revivir los eventos pasados indiscriminadamente o cuando nos permitimos fantasías futuras. Es una bendición cuando usamos sus poderes de reflejar para mantener nuestro foco en un propósito consciente.

Ouspensky y el uso correcto del pensamiento

“Tenemos cierto control sobre nuestros pensamientos: podemos pensar sobre una cosa u otra… Si continuamos manteniendo nuestros intereses dirigidos en una cierta línea, el proceso de pensar adquiere cierto poder y, luego de un tiempo, puede crear, al menos, momentos de darse cuenta de sí.” – Peter Ouspensky

La habilidad de nuestra mente para reflejar le da poder regenerativo. Al reflejarse en la consciencia nuestros pensamientos se mueven hacia la consciencia; el pensamiento puede usarse para trascender el pensamiento.  Esto hace de la mente una herramienta valiosa en el despertar.

El reflejo en la creación bíblica

Demos una mirada retrospectiva a los capítulos anteriores sobre la creación:

En mayo, exploramos la misteriosa aparición de la consciencia. Compartimos choques simples que nos despertaban del sueño durante nuestro día y notamos cómo todos traían con ellos la luz de la “observación de sí.”

En junio exploramos cómo prolongar la consciencia. Al usar la luz de la observación de sí para dividir lo que nos mantenía dormidos de lo que nos ayudaba a mantenernos despiertos, evitamos que regresáramos al sueño.  Llamamos a este segundo paso “separación.”

Superpusimos estos dos pasos en el mito bíblico de la Creación. La “observación de sí” era la creación de la luz. La “separación” era la división de la luz y las tinieblas, de las aguas y la tierra y la creación de tierra seca.

En esta etapa, nos experimentamos como dos: Nuestros pensamientos, sentimientos y sensaciones caóticas por un lado, y un observador consciente por el otro. Esta separación es todavía vulnerable y en cualquier momento puede caer de nuevo en el caos. Para asegurar esta separación, debemos usar la capacidad de nuestra mente para reflejar:

“Y Dios puso [luminarias] en el firmamento de los cielos para que dieran luz en la tierra y para que gobernaran sobre el día y la noche y para que dividieran la luz de las tinieblas.” – Libro del Génesis

Gurdjieff - El reflejoDe acuerdo con la Biblia el sol, la luna y las estrellas no emiten su propia luz. Son agentes reflectores de la luz de Dios. Emulan ese hágase la luz inicial que hizo brotar a la creación. Después de que Dios dividiera la luz de la oscuridad, les asigna al sol, la luna y las estrellas que mantengan esta división. Al reflejar su luz, reflejan su creación.

Usar la mente para regenerar la consciencia

Mientras que la luz de la consciencia aparece -y desaparece- misteriosamente, la mente puede fomentar su regreso. Podemos formar patrones de pensamiento y actitudes que apoyen la consciencia. Estos se vuelven nuestras luces internas: los gobernantes del despertar y del sueño que nos ayudan a mantener bajo control nuestra oposición interior y a mantener nuestro propósito de ser.

En este espíritu, la pregunta para mis escritores es: ¿Qué pensamientos y actitudes les ayudan a regenerar el recuerdo de sí?

“Tenemos el poder  no solo de pensar, sino también de pensar en esto o aquello. Así que podemos hacer ambas cosas: Podemos eliminar los pensamientos inútiles y también podemos poner en el centro de nuestro pensamiento la realización del ‘Yo’: ‘Yo estoy aquí.’”  – Peter Ouspensky