Sobre qué cimientos hemos de apoyar el trabajo de estar presentes es muy importante, pues este trabajo solo consiste en pequeñas acciones de las cuales cualquier persona normal es capaz.

Como se ha visto, sin embargo, el cuerpo humano tiene distintas funciones y distintos grados de consciencia que le son accesibles, de manera que, cualquiera sea el grado de conciencia que tengamos en un momento dado, las mismas tareas pueden ser hechas con diferentes metas.

Un aspecto bastante común que tuve la suerte de observar en mí fue intentar estar presente pretendiendo que mi esfuerzo fuera como una orden que mi verdadero Ser debiera obedecer.

Por supuesto, el sistema dice que el hombre no puede recordarse, y esto no podría ser así si con solo dar una orden hubiera allí alguien que obedeciera.

“Pero una cosa así no sucede en el trabajo. Todos somos iguales y todos igualmente mendigos.” P. D. Ouspensky (citando a Gurdjieff), En busca de lo milagroso, página 96

El trato que corresponde a quien reconoce que lo que le falta es la presencia de lo superior nunca puede ser una orden. Solo el superior da órdenes. Por lo tanto, cuando uno intenta lograr atraer esta presencia, debe pedir, suplicar, rezar: este es el modo de dirigirse a lo superior por más que haya, veces, quien se oponga a reconocerlo dentro de nosotros.

Esto es algo que parece tener su importancia en el trabajo sobre sí. Mientras nos acerquemos a él con la pretensión de que eso que buscamos debe obedecer, no lo hará. E, intento tras intento, tendremos que aprender la manera correcta de aproximarnos al trabajo. Una característica mecánica, como el afán de hacernos ver que se citara en la primera nota de este mes, o la costumbre de dar órdenes que creamos que “todos deberían cumplir,” no nos dará acceso a estados superiores de consciencia.

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. (Mateo 7:7)