Lidia Schulten es un nuevo contribuyente de ggurdjieff.es, que publicará artículos mensualmente.

Lidia Shculten

Me crié en el sur de California, en Los Ángeles, una ciudad de muchas oportunidades, en la que uno puede encontrar desde la comida más exótica hasta cualquier tipo de meditación, talleres de superación personal, gurús, etc…

A los 20 años empecé a practicar yoga, intentar meditaciones y viajar por el mundo en busca de la verdad. ¿Cuál era el significado de la vida? ¿Debía encontrar cierto tipo especial de conocimiento? No sabía qué buscaba, pero buscaba algo.

Después de graduarme en la Universidad de Los Ángeles, comencé a trabajar en el centro de la ciudad, en el barrio chino.

Contaba con un pequeño Fiat. Un día el Fiat se descompuso en el centro de Los Ángeles. El taller de Carlos, mi mecánico, quedaba a casi 3 km de distancia. Cuando lo llamé, ambos nos pusimos de acuerdo en que compartiríamos lo que el seguro me pagara por la grúa para llevar mi auto a su taller, única manera de que él pudiera repararlo.

Una vez en el taller, mientras esperaba a que Carlos  terminara con el arreglo, llegó un hombre, le entregó tres libros y se fue.

Era un hombre muy especial, al punto que me dije: “Ese hombre tiene algo que no he visto en ningún otro hombre; necesito saber qué es”.

Le pregunté a Carlos quién era. Me respondió que se trataba de un amigo y que le había traído tres libros, que si yo quería podía hojearlos. Uno era El águila, de Krishnamurti, otro Psicología de la posible evolución del hombre, de Peter D. Ouspensky.

La vida da muchas vueltas y esta fue una de ellas. A través de Carlos conocí al hombre que había venido al taller y nos hicimos amigos. Me dio el libro Psicología de la posible evolución del hombre para que lo leyera. Yo le dije que no estaba interesada en psicología, pero él me aclaró que esta psicología no tenía nada que ver con la psicología moderna, que era otra clase de psicología, proveniente de una mente superior. Me pidió que luego de leer el libro le formulara preguntas en caso de tenerlas.

A través de este hombre tan especial conocí a su maestro o guía, como él lo llamaba. Un dia recibí una invitación para cenar. El mismo maestro cocinaba. Mientras nos encontrábamos en la cocina, le dije que estaba desesperada y que quería saber el significado de la vida.

Se quedó silencioso por un largo rato y luego me dijo:

—Para saber se requiere un esfuerzo correcto y alguien que te diga cómo hacer el esfuerzo correcto. Únicamente en un estado diferente de consciencia uno puede saber, y cuando se comienza ya no hay vuelta atrás.

— ¿Cómo puedo hacer ese esfuerzo correcto?— le pregunté.

Y él me respondió:

— Con el recuerdo de sí.

Entonces me explicó sobre la observación de sí mismo. Conocerse a sí mismo es el primer principio; no hay otra forma y nadie puede hacer este trabajo por uno.

¿Cómo observarse a sí mismo? Con la atención dividida: uno divide la atención entre uno mismo y lo que ve, como dos flechas; una flecha va en dirección opuesta a uno y la otra flecha se dirige hacia uno. Me pidió que lo intentara y luego me dijo:

— ¿Ves? Ya lo hiciste. Pues desde ahora sabes cómo hacer el esfuerzo correcto.

Luego agregó:

— También tienes que traer tu atención a un mundo superior.

Y señaló hacia arriba con un dedo, a una Influencia Celestial.

He conservado la memoria de ese momento tan místico, sentados a la mesa de la cocina. Ese momento que pasó a ser uno de los más importantes de mi vida. Sabía que había encontrado lo que había percibido en aquel hombre del taller. Había encontrado un conocimiento teórico-práctico en las ideas de Gurdjieff y Ouspensky y con este conocimiento un Camino a recorrer por el resto de mi vida.

“La adquisición o transmisión de un conocimiento verdadero requiere un gran trabajo y un gran esfuerzo tanto de quien lo recibe como de quien lo da.” George Gurdjieff