“La evolución del hombre es posible, pero es posible únicamente cuando hay un cambio de conocimiento y un cambio de ser; y un cambio de ser significa adquirir consciencia. Y esta no puede tener lugar por sí misma, no puede ocurrir así como así.” – Peter Ouspensky, El Cuarto Camino

La observación de uno mismo se relaciona con ciertas prácticas definidas. Si uno empieza a observar cómo ocurren las cosas, se pierde de muchas; pero si intenta luchar en contra de las cosas que observa, como por ejemplo pequeños hábitos, de inmediato comienza a observar muchas cosas que normalmente no observa.

Todos tenemos pequeños hábitos: hábitos al caminar, hábitos de mover las manos al hablar, una manera de sentarnos o ponernos de pie o expresarnos. Esta lucha es tan solo para el estudio de uno mismo”.

En conexión con esta idea de Ouspensky, una de las áreas en mi trabajo personal es la lucha contra el hábito mecánico de mover las manos mientras hablo. Cuando evito hacerlo, se crea una cierta presión, una puja por ir en contra de una mecanicidad, algo que de lo contrario observaría únicamente si alguien me hiciera ver que estoy moviendo las manos al hablar. Esta puja, este esfuerzo, sostenido por un cierto tiempo, puede ayudar a prolongar la presencia.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver mover las manos al hablar con la consciencia? Si el hombre hace un esfuerzo para detener algo muy mecánico en él, esto le da material para la observación y puede verse a sí mismo desde un ángulo muy diferente.

Ir en contra de algo muy mecánico implica un esfuerzo real; es un momento de consciencia proveniente del propio esfuerzo.