Maria Teresa Celda es un nuevo contribuyente de ggurdjieff.es, que publicará artículos mensualmente.

Maria Teresa, ValenciaMi primer encuentro con Gurdjieff y el Cuarto Camino fue un día, en el tiempo.

Como algunos viernes después de salir de la Universidad, fui a ver a mi madre que vivía en el pueblo, con la idea de pasar con ella el fin de semana. Cuando llegué, ella estaba preparando una cena para unos amigos españoles que venían de California. Aunque ya había cenado, me invitaron a quedarme con ellos. Me senté en el diván junto a un libro azul cuyo título era “Fragmentos de una Enseñanza desconocida” de P. Ouspenky, un alumno de G.Gurdjieff, que abrí al azar con la intención de ojear. Mientras leía, entre línea y línea, levantaba la cabeza para ver a mi madre y sus invitados. Todo era diferente a lo que había visto hasta entonces: las velas y las flores sobre la mesa, la conversación pausada, la música de fondo ( el Concierto de Aranjuez ). Todo transcurría en armonía. Cuando uno de ellos hablaba, los otros lo escuchaban con verdadera atención, como si escuchar fuera más importante que hablar, lo que me pareció un gesto de amor y consideración. En pocos minutos se creo una energía con la que, de manera inexplicable, conecté.

Seguidamente algo en mi quiso entender lo que estaba experimentando, por lo que asocié el libro que había encontrado y que tenía en mis manos, con todo lo que estaba sucediendo en ese momento. Esta vez lo abrí por la primera página con el fin de no perderme nada importante, pero la energía era tan maravillosa que no necesité explicaciones, simplemente estaba bien, así. Cerré el libro prometiéndome que lo leería más adelante.

Desde el principio las ideas de Gurdjieff y Ouspensky sobre el Cuarto Camino me parecieron muy familiares y al mismo tiempo nuevas. Además, ofrecían el conocimiento de un Sistema muy completo, con una exposición seria y muy consistente, que sin duda ellos habían verificado.

Recuerdo que a los 7 años, recibí un choque negativo muy fuerte en el que se me puso a juicio, y desde ese momento todo empezó a girar en torno a algo muy poderoso en mí que siempre me haría creer que la vida, o todo en los demás, era ‘normal’ y justo, y que yo no era ni ‘normal’ ni justa. Y eso no era justo. Pero gracias a Dios, y gracias al conocimiento del Cuarto Camino, otro algo con voz pequeña, siempre se ha resistido a creerlo: mi esencia.

Y ahora sé que ese pequeño ‘algo’ superviviente, es lo que se reveló milagrosamente aquella noche, en aquella cena.