Ouspensky

Acerca de este sitio

“Cuando me di cuenta de que la antigua sabiduría había sido pasada de generación en generación por miles de años y, sin embargo, había llegado a nuestros días casi sin cambios, lamenté haber comenzado demasiado tarde a darle a las leyendas de la antigüedad el inmenso significado que ahora comprendo que realmente tienen.” – George Gurdjieff

Este sitio continúa donde Gurdjieff se detuvo. Nosotros aplicamos sus métodos de desarrollo de sí a la sabiduría de los antiguos. Al profundizar nuestra comprensión de nosotros mismos revivimos el legado de nuestros ancestros y, al revivir el legado de nuestros ancestros, profundizamos nuestra comprensión de nosotros mismos.

La distorsión amenaza perpetuamente la comprensión. Cada época construye arcas para preservar su sabiduría a través de las inundaciones del tiempo. ¿Cómo se vería el arca de nuestra época?

Ata tu propia nave a la nuestra y embarquémonos.

Peter Ouspensky

Piotr Demianovich Ouspensky (4 de marzo de 1878–2 de octubre de 1947) fue un filósofo ruso que rechazó la ciencia y la psicología de su tiempo bajo la fuerte sospecha de que tenía que existir un sistema superior de pensamiento. En su juventud estudió misticismo y esoterismo y viajó por extenso en busca de la antigua sabiduría, percibiendo que las épocas pasadas sabían más que la suya. “Sentía que había un callejón sin salida en todas partes,” comentó en una de sus primeras notas biográficas. “Solía decir en esa época que los profesores estaban matando la ciencia del mismo modo que los sacerdotes estaban matando la religión.”

Cuando Ouspensky conoció a George Gurdjieff y fue introducido en el Cuarto Camino en 1915, se dio cuenta de que la mayor barrera contra el conocimiento era la sabiduría; que uno no podía hallar la verdad sin trabajar esforzada y simultáneamente para llegar a ser la verdad. El conocimiento superior solo podía llegar con preparación suficiente para recibir conocimiento superior. Ouspensky pasó el resto de su vida transformando conocimiento en sabiduría; esforzándose para hacer propios los principios del Cuarto Camino y compartirlos con personas que pensaban de una manera similar. Al hacerlo, se convirtió en un agente de la verdad para su época, llevando la sabiduría de la era previa a la de la Guerra Mundial a los mediados del siglo XX.

La búsqueda de Ouspensky

“Llegué a sentirme insatisfecho con la ciencia,” dice Ouspensky en una nota autobiográfica. Aunque le faltaba dirección, el joven filósofo sentía que había más en la vida que lo que el ojo le mostraba, y que la ciencia, la filosofía, la psicología y la religión perdían de vista el blanco. Se sintió urgido a buscar la verdad. Su intuición le sugería que las edades pasadas habían poseído el conocimiento de esa “verdad” de la que carecía su época actual. Así que leyó y viajó muchísimo en busca de lo milagroso:

“Por varios años estuve en el trabajo periodístico; viajé por Rusia, el este, Europa. En 1905, durante los meses de huelgas y desórdenes que finalizaron en la insurrección armada de Moscú, escribí una novela basada en la idea del eterno retorno.”

La novela de Ouspensky atrae el reconocimiento, pero deja a su autor tan insatisfecho como antes de haberla escrito. Sabe que, mientras su mente puede teorizar sobre las dimensiones superiores, estas son aún prohibitivas para él. De modo que continuó con sus estudios y su búsqueda.

“En 1907 encontré literatura teosófica, prohibida en Rusia: Blavatsky, Olcott, Besant, Sinnett, etc. Me produjo una fuerte impresión, aunque vi de inmediato su lado débil. El lado débil consistía en que, tal como era, no tenía continuación. Pero me abría puertas a un mundo nuevo y más grande…”

Ouspensky se caracteriza por su sinceridad y su habilidad para evitar engañarse. No se entrega a nada menor que la “verdad” que persigue con tanto celo, y mientras encuentra inspiración en otra literatura, no obstante ve sus deficiencias.

Es digno de notarse que el reconocimiento público de su novela y sus conferencias no logran satisfacerlo. En estos estadios tempranos de su vida, Ouspensky ya podía haber conseguido seguidores y establecido una enseñanza, pero su consciencia le impidió liderar a otros por senderos de los que él mismo no se hallaba seguro.

Ouspensky sobre las dimensiones superiores

“Descubrí la idea del esoterismo, hallé un ángulo posible para el estudio de la religión y el misticismo y recibí un nuevo impulso para el estudio de las ‘dimensiones superiores’…”

La idea de las dimensiones lo fascina a Ouspensky; aparentemente es un entusiasmo que ha heredado de su padre. El tiempo y la cuarta dimensión. Que el hombre, al penetrar una dimensión superior, pueda percibir su cuerpo temporal, ser testigo de su pasado, su presente y su futuro, y vivir en consecuencia, le parecen a Ouspensky una visión invalorable que alteraría todo el curso de la propia vida.

Ouspensky también se aventura en los estudios teóricos de las dimensiones superiores a la cuarta y, en particular, del eterno regreso, una dimensión en que la vida actual se ha vivido previamente una cantidad infinita de veces. Estas es la bases de su novela “La extraña vida de Iván Osokin.”

“Estudié literatura oculta; hice toda clase de experimentos psicológicos con métodos de los yoguis y la magia; publiqué varios libros, Tertium Organum entre ellos, y di conferencias públicas sobre el Tarot, el Superhombre, los yoguis, etc.”

Ouspensky insatisfecho

Pese a sus aventuras intelectuales –y a que ‘Tertium Organum’ haya alcanzado la categoría de bestseller– Ouspensky aún se siente privado de la realidad de las dimensiones de las que tan fuertemente sospecha. Aun siendo un autor muy vendido, sin embargo sigue insatisfecho con el reconocimiento y continúa en busca de la verdad, lo cual llegaría a ser su sello en sus años posteriores.

Ouspensky confesaría más tarde que el impulso más fuerte hacia el conocimiento de sí y el recuerdo de sí  había sido la insatisfacción con su estado presente; que nada podía impulsar más al progreso a lo largo del sendero de la evolución interior que la aversión al sueño.

“La emoción predominante en mí era el miedo: miedo a desaparecer en algo desconocido… Recuerdo una frase de una carta que escribí en esa época: ‘Estoy escribiéndole esta carta, pero quién escribirá la siguiente carta, la firmará con mi nombre, y lo que dirá, lo ignoro.’ Este era el miedo.”

Ouspensky continúa su búsqueda de un firme punto de apoyo de la sabiduría, al  expandir su investigación en más ramas de la literatura  y a más países exóticos. Formula la necesidad de la instrucción directa y busca conectarse con escuelas de la sabiduría que, cree, deben de existir  en su día, como restos finales de antiguas tradiciones ya perdidas.

“Pero había muchos otros elementos en ello también: el miedo de tomar el camino equivocado, el miedo de cometer un error irrecuperable, el miedo de perder algunas posibilidades. Todo esto me dejó más adelante, cuando, de un lado,  comencé a ganar confianza en mí mismo, y, de otro lado, a tener más fe práctica en el sistema.”

Ouspensky conoce a Gurdjieff

A principios de la década de 1900, Ouspensky se aventura al Medio y Lejano Oriente en busca de huellas del conocimiento perdido. Regresa a Rusia y da conferencias sobre su búsqueda de lo milagroso. Estas presentaciones atraen a significativos seguidores de mentalidad similar. En una de ellas, se le acercan dos asistentes, que le recomiendan conocer a un místico extranjero de visita en Rusia en ese momento.

En 1915, Ouspensky conoce a George Gurdjieff y de inmediato reconoce que  Gurdjieff posee el conocimiento que había estado buscando por todo el mundo. Se convierte en discípulo de Gurdjieff por diez años y aprende de él los principios del Cuarto Camino. La enseñanza ocurre con el telón de fondo del decadente orden social ruso y se complementa con él, de algún modo. El “Trabajo”, como Gurdjieff lo llama, solo puede ocurrir bajo presión, cuando nada  puede darse por sentado y los estudiantes  son  puestos bajo las pruebas más básicas de valoración de lo espiritual por sobre lo físico.

Los eventos de la época fuerzan tanto a Gurdjieff como a Ouspensky a reubicarse. Mientras tanto, la presentación de Gurdjieff también evoluciona y toma una dirección diferente, lo cual impulsa a Ouspensky a dejarlo y continuar por cuenta propia. Ouspensky se establece en Londres en 1930 y comienza a enseñar el Cuarto Camino, como así también a escribir literatura  sobre el Sistema aprendido de Gurdjieff.

Ouspensky muere en Lyne Place, Inglaterra, el 2 de octubre de 1947.

Ouspensky: Agente del Cuarto Camino

“El sistema está a la espera de trabajadores. No existe en él ninguna afirmación ni pensamiento que no requieran y admitan más  desarrollo y elaboración. Pero hay grandes dificultades en la manera de entrenar a personas para este trabajo, puesto que un estudio ordinariamente intelectual del sistema es muy insuficiente y hay poquísimas personas que se pongan de acuerdo en otros métodos de estudio que, al mismo tiempo, sean capaces de trabajar con estos métodos.”

Ouspensky reconocía que al haber encontrado el Cuarto Camino había encontrado algo grande. Percibía que se remontaba muy lejos en el tiempo, quizás a las culturas más primitivas. Trataba el Cuarto Camino con respeto e impersonalmente, como un sistema que no le pertenecía al hombre, lo que era una de sus mayores fortalezas.

Por la misma razón, Ouspensky vacilaba en publicar sus obras y adosar su nombre a algo mucho mayor que él mismo. Y, de hecho, los libros que presentan su expresión del Cuarto Camino se publicaron en su mayoría póstumamente. Más aún, en el prólogo al libro de Ouspensky El Cuarto Camino, reconoce que el Sistema no le pertenece.

“Quiero en particular imprimir en sus mentes que las ideas y los principios  más importantes del sistema no me pertenecen. Esto es lo que mayormente los hace tan valiosos, porque si me pertenecieran, serían como todas las otras teorías inventadas por las mentes ordinarias: darían solo una vista subjetiva de las cosas…”

El legado de Ouspensky

Ouspensky esperaba que, de poder producir suficiente “perturbación” –recabar un número suficiente de personas realmente sinceras y adecuadamente “preparadas”– podría llamar la atención de “alguien” que viniera a ayudar. No fue claro acerca de la naturaleza de esta ayuda y probablemente él mismo no sabía qué podía significar.

Con todo, percibía una inmensa responsabilidad en su rol, y el resto de su vida la dedicó a colmar íntegra y completamente esta responsabilidad.

Pero al final, en parte debido a la segunda guerra mundial, tuvo que admitir  que todo su trabajo parecía haber fracasado en dar los resultados que había esperado. Gurdjieff, también, desmanteló su Instituto, y los dos agentes del Cuarto Camino alcanzaron el fin de sus vidas  habiéndose quedado cortos en los objetivos externos que habían buscado cumplir. Ouspensky asumió total responsabilidad por sus estudiantes. Los reunió y les dijo que eran absolutamente libres de dar curso a su búsqueda de cualquier manera y en cualquier dirección que les pareciera la mejor.

Exteriormente, esto fue, de alguna manera, una confesión de fracaso completo, pero interiormente, al final, le otorgó la victoria suprema y, aunque devolviera la libertad a todos los que lo habían seguido, nunca sofocó su esperanza, sino que indicó a aquellos con una fe real en él que esta misma restauración de la libertad era en sí misma la apertura de una nueva puerta.