Cuarto Camino

El término “Cuarto Camino” es un término que Ouspensky adoptó de George Gurdjieff. Pero aunque el nombre “Cuarto Camino” aparezca por primera vez en el  siglo XX, este señala una antigua tradición, un amplio patrimonio practicado a lo largo de la historia por ciertos individuos. Lo que sea que estos puedan haber llamado su trabajo, en espíritu, debería haber sido idéntico al “Cuarto Camino” de Gurdjieff y Ouspensky.

“No puede decir que este sistema sea el Cuarto Camino; el Cuarto Camino es muy grande y este sistema es muy pequeño en comparación…” –De En busca de lo milagroso (p. 106)

Gurdjieff y Ouspensky sobre los tres caminos

El Cuarto Camino es obvio que implica los otros tres. Estos, de acuerdo con Gurdjieff, son el Camino del Fakir, el Camino del Monje y el Camino del Yogui. Todos los caminos llevan al mismo fin: el despertar de la consciencia en el hombre. Sin embargo, cada uno alcanza ese destino por medios diferentes.

Los tres caminos emanan de los tres centros de gravedad posibles para el hombre. El Camino del Fakir corresponde al hombre motor-instintivo, el Camino del Monje al hombre emocional y el Camino del Yogui al hombre intelectual. Cada “camino” se enfoca de acuerdo con los centros de un hombre y, a través de ello, genera consciencia. Dado que la consciencia está separada de las funciones, los tres caminos llegan al mismo resultado.

Así es la teoría de los tres caminos, como la presentaran Gurdjieff y Ouspensky. En la práctica, sin embargo, una atmósfera de trabajo nunca se enfoca exclusivamente en  un único camino. Todas las enseñanzas involucran aspectos físicos, emocionales e intelectuales. De manera más realista, una enseñanza será una mezcla de estos tres caminos, con el centro de gravedad en uno de ellos.

El Cuarto Camino se distingue de estos tres, primero por su acento en la necesidad de verificación (opuesta a la creencia) y, segundo, por su equilibrio: se esfuerza por armonizar los tres centros en el hombre y conducirlo más allá de las funciones hacia la consciencia. Cualquier enseñanza que siga estas pautas se considerará “Cuarto Camino,” sin considerar cuándo aparezca en la historia. Esto explica la observación de Ouspensky sobre el sistema y el Cuarto Camino. El sistema, como lo presentaba era la expresión del siglo XX del “Cuarto Camino,” que era una antigua tradición.

Ouspensky y el Cuarto Camino

Ya que el Cuarto Camino es un camino, debe ser comprendido, no a través de los libros, sino a través de la experiencia. En consecuencia, sería inútil agregar aquí más explicaciones sobre el Cuarto Camino a los volúmenes ya existentes escritos por Gurdjieff, Ouspensky y sus seguidores. Sin embargo, no mucho es lo que se haya expresado sobre el Cuarto Camino como una tradición y su influencia. Para un estudiante que viaje por el sendero del Cuarto Camino, es crucial darse cuenta de la tradición mayor de la que él es parte.

Con este espíritu, Ouspensky acentuaba que el sistema no estaba hecho por el hombre. Destacaba su origen su  origen superior, junto con la antigua tradición del Cuarto Camino. Afirmaba que, si el sistema hubiera sido inventado por la mente humana, su propósito de elevar lo humano a lo sobrehumano estaría derrotado instantáneamente. La mente humana tiene límites definidos, más allá de los cuales no puede saltar y, cualquier sistema que se esforzara por elevar al hombre por sobre sí mismo, tenía que originarse más allá de esas limitaciones del hombre.

Inicialmente, ese “más allá” no precisa ocupar al principiante. Se hace más aparente cuando este progresa por el Cuarto Camino. Pero al avanzar por el camino, el conocimiento y el reconocer el todo mayor es indispensable, porque el Cuarto Camino se funda en el famoso adagio de Hermes Trismegisto: Como es arriba es abajo y como es adentro es afuera. El hombre es un microcosmos. Las leyes y los fenómenos que ocurren dentro de él son idénticos a los que se manifiestan fuera de él. El conocimiento de sí mismo, por lo tanto, crece en proporción directa a su conocimiento del mundo.

Ouspensky sobre la unidad y la multiplicidad

En su presentación del sistema, Ouspensky destacaba el principio de escala. El hombre y el mundo –el microcosmos y el macrocosmos– se reflejaban uno al otro, aún cuando estaban en escalas diferentes. El hombre podía, por lo tanto, aprender ciertas verdades sobre sí observándolas afuera. Además, por la dificultad del hombre  en verse, solo podía observar ciertos fenómenos fuera de sí mismo e inferir que estaban también en él. Como es arriba es abajo indicaba, así, el camino hacia el conocimiento objetivo.

No obstante, el hombre debe mantener vigilado su interés en lo exterior, pues se pierde con facilidad al perseguir conocimiento teórico. Ouspensky, por lo tanto, introdujo otro principio a la observación: el principio de la relatividad. Otras escalas e ideas son de valor para el hombre,solo en tanto que se relacionen con su propósito de despertar. El conocimiento de los cosmos mayores o menores solo podía ayudar al hombre en tanto aumentara su conocimiento de sí. Como buenos o malos ejemplos, Ouspensky señalaba la ciencia moderna, que descuida completamente el principio de  relatividad y se enfoca libremente en los mundos mayores o menores mientras pierde de vista al hombre. La psicología moderna yerra hacia el otro extremo, satisfaciéndose con las funciones del hombre sin considerar su parecido con los cosmos que lo rodean.

Ouspensky y el conocimiento de sí

El hombre está naturalmente en estado de ignorancia de sí. El camino al despertar es, entonces, sinónimo del camino hacia el conocimiento de sí. Conócete a ti mismo,  adscripto tradicionalmente a Sócrates, es  verdaderamente la base de cualquier enseñanza genuina. En base a los principios de escala y relatividad, el hombre no puede conocer nada antes de que se conozca a sí mismo.

Ouspensky indicaba un camino doble hacia el conocimiento de sí. Un aspecto era la observación de sí, que lo llama a observarse en las diversas circunstancias, tomar nota de lo que ve y, gradualmente, reunir una colección de “fotografías” que le presenten un cuadro objetivo de quién es realmente. Otro aspecto –sin el cual el primero sería inútil– es el conocimiento del sistema. El sistema definía la psicología del hombre con gran detalle. Luego de suficiente observación de sí, un hombre que trabajara sobre sí podría comenzar a dividir lo que viera en la miríada de funciones señaladas por el sistema.

Ouspensky y el recuerdo de sí

Los esfuerzos arriba mencionados tenían que conectarse con la presencia. Ouspensky notó cómo este punto distinguía al sistema de toda otra tarea psicológica. A diferencia de la psicología moderna, el hombre observaba sus funciones, no por sus funciones mismas, sino para extraer consciencia de ellas. La enseñanza entera apuntaba a esto. Todo el estudio de las leyes y los fenómenos tenía que apuntar a generar consciencia. El hombre, en su regular estado de sueño, era inconsciente. Mediante esfuerzos sistemáticos y consistentes, podía volverse consciente. El recuerdo de sí era el esfuerzo específico para ser consciente. En cada momento y circunstancia, el hombre estaba llamado a recordarse a sí mismo. Es un esfuerzo separarse de cualquier mundo imaginario que puede haberse permitido hace un momento, para regresar a la realidad presente. Ouspensky lo asimilaba a una flecha de dos cabezas, donde la atención se dirigía tanto hacia el objeto observado, como al propio ser. Es una reorganización interna instantánea: una extracción de consciencia de las funciones momento a momento.

Cuando Gurdjieff le presentara esta idea al principio, Ouspensky de inmediato sintió su importancia sobre todas las demás ideas del sistema. Fue en consecuencia sorprendido por cómo otros estudiantes no le daban una significación apropiada, absoluto, con frecuencia con la excusa de que ya se recordaban a sí mismas.

Ouspensky y el lugar del hombre en el universo

Ouspensky destacaba que la evolución espiritual del hombre era una materia prima. La evolución solo era posible por sus beneficios a cosmos superiores. En el esquema universal de las cosas, existía el movimiento descendente general del crecimiento: la expansión física perpetua del universo, soles que daban a luz a planetas, que a su vez daban a luz a lunas y así sucesivamente. Paralelamente a este camino ancho, existía un camino estrecho de movimiento ascendente contra esta corriente. Este era el camino hacia la consciencia y esto explicaba por qué la evolución espiritual era tan rara y difícil.

Ouspensky repetidamente acentuaba las dificultades y desafíos del despertar. Repetidamente señalaba los muchos obstáculos a lo largo del camino y, por cierto, vio a muchos de sus estudiantes tropezar con ellos. Pero, en vista de las grandes cosas en juego y de la magnitud de la recompensa, continuaba con su propio camino por el Cuarto Camino y hacía lo mejor posible para instruir a quienes lo rodeaban deseando seguirlo.