Para observarse uno realmente antes que nada, hay que recordarse a sí mismo. He observado que los momentos de recuerdo de si ocurren en la vida, aunque rara vez. En mi infancia, estaba familiarizado con ellos, pero no sabía cómo llamarlos, no los valoraba. Era un estado diferente, nuevo como si estuviera tanto dentro como fuera de mí.
Se presentaban en lugares y momentos inesperados o emotivos. Observé que realmente solo recuerdo esos momentos del pasado de mi primera infancia en que yo me recordaba a mí mismo y, que actualmente los recuerdo como si hubieran ocurrido recientemente. Pienso que todos hemos tenido y vivido esos momentos de recuerdo de sí antes de encontrar a Gurdjieff.
La observación de sí es un objetivo extraordinario pero requiere mucho tiempo y esfuerzo. Una de las mejores formas de trabajar con la observación de sí es eliminar todo lo que no sea recuerdo de sí. Pero paradójicamente hay que recordarse a sí mismo para logarlo.
La mayoría de las veces solo sé que ocurre por influencia externa como en momentos de peligro, en momentos en que es necesario conservar la calma, cuando uno oye su propia voz y se ve y observa a sí mismo desde el exterior. Por sí mismo solo viene a mí rara veces y en condiciones excepcionales. Así, por ejemplo cuando paso por algún sitio, siento las cosas y las calles del lugar; cuando observo pinturas del renacimiento y escucho música clásica, las sensaciones vienen solas, no interviene la imaginación en esto, no pienso en nada.
En algunas ocasiones ocurre el milagro, llega un regalo maravilloso, de la nada la tentativa de recordarme a mí mismo o de ser consciente de mí mismo “detiene el pensamiento”. Al detener los pensamientos, la atención se dirige totalmente hacia los esfuerzos de la observación de sí, mientras que en el recuerdo de sí la atención queda dividida: una parte de ella se dirige hacia el mismo esfuerzo y la otra hacia la percepción de mí mismo.

El método principal del estudio de sí es la observación de sí. Sin observación de sí debidamente aplicada, el hombre nunca entenderá la relación ni la correlación que hay entre las distintas funciones de su máquina, jamás comprenderá cómo ni por qué todo ´sucede´ en él, en cada caso concreto. – Peter Ouspensky