Recuerdo la primera vez que fuí consciente de haber vivido algo que no conseguí recordar. Una amiga insistía en contarme una historia de la cual era protagonista principal y que se había borrado completamente de mi memoria, como si nunca lo hubiera vivido…
Esa sensación incómoda hizo que naciera un deseo interno de estar y recordar los sucesos de mi vida : que hago, como estoy, que digo , dónde ,lo que siento , lo que sucede después…mi alrededor…que no sea perdido, que sea vivido por algo, no por nada cayendo en el olvido. No es un tesoro cada momento vivido?
Ahi empezó una buena parte de mi interés por observar mi vida y a mí en ella.
Cuando esa emoción de estar ahí observando se diluye hay varias cosas que me la hacen recordar, una de ellas es la belleza que observo fuera, naturaleza, personas, vida…hace que haga el esfuerzo de poner mi atencen mí, en lo que veo y en que es un espacio en el tiempo que pasará y que deseo atesorar en mis recuerdos.
Otra cosa que me lo hace recordar es el sufrimiento, cuando empiezo a sufrir por algo, a sentirme mal, o a verlo fuera de mí , hago lo mismo, con el resultado que , por el simple hecho de observarlo, debo tener una distancia necesaria con ello..y realmente es un alivio poder verse viviendo cosas que pasaran, que no soy yo : eventos, pensamientos o emociones ..y ponerse en un lugar protegido dentro de cada uno, donde ser el que observa.

“Tenemos agujeros en los bolsillos y no nos damos cuenta.” – Peter Ouspensky