El post de Heraldo es del experimento del mes pasado que consistía en para los pensamientos por dos minutos.

Hacer un ejercicio como el que plantea Ouspensky en mi caso es algo que va más allá que el simple impulso de despertar, ya que plantea seriamente que uno ponga todas sus funciones “en” juego y haga un esfuerzo más preciso.

El ejercicio del reloj

En mi experiencia de dos minutos con el ejercicio encontré muchos altibajos, casi terminando el primer minuto un grupo de yoes lo encontró totalmente aburrido y sin duda querían parar. Luego al tener yoes firmes de terminar el ejercicio desde el comienzo al final, varias distracciones aparecían, reduciendo la atención en el segundero y la idea del ejercicio por unos segundos; la primera distracción fue el tratar de moverme (o varios de ellos en general), sin embargo no lo hice, salvo que al negar moverme los yoes que aparecían trataban de por ejemplo, voltear a mirar la vela que antes había prendido cerca de mi escritorio o tomar la tasa de café caliente cerca de mi mano derecha. Sin duda, tuvo una dificultad el mantener el objetivo, pero una vez sobrepuesto de estos yoes, y a la mitad del ejercicio, yoes emocionales de aburrimiento como: -mejor debí haber hecho cualquier otro ejercicio, que aburrido – aparecieron casi inaudibles mentalmente… luego ya casi al final otros yoes empezaron a tratar de analizar el mismo ejercicio lo cual también distraía el ejercicio en si, por último y ya casi acabando apareció el recuerdo y los yoes de una reciente llamada telefónica, los cuales redujeron la atención en el ejercicio.
Puedo darme cuenta que puede que haya una cantidad muy diversa de yoes que pueden distraernos de este ejercicio, sin embargo creo que los más fuertes o directos fueron, en mi caso, ligados a la función motriz, de eventualmente no ver el segundero, buscando escusas menos o más dulces, como ver la luz de una vela, lo cual es más atractivo que ver el segundero de un reloj o poner la atención en algún otro estimulo más sugerente o divertido.
También observe que el repetir mentalmente “Soy Heraldo Esquiche, estoy aquí ahora” cuando los yoes diversos “atacaban” fortalecían el ejercicio y hacer esto apoyaba el objetivo como la pedaleada en la bicicleta, o el oleaje que impulsa un barco en una corriente a pesar de las demás fuerzas en contra. Algunas ocasiones la frase era más eficaz que otras.

Caminando en un Lago

Luego el ejercicio del reloj, fue sugerente poder usar el mismo principio en otras actividades del día a día, esto tomo más tiempo del que imagine, varios de los intentos por sostener la atención en otros acontecimientos me llevaron a ver que realmente tenía poca energía, motivación o desempeño en mantener tan simple tarea: la atención en sí mismo y en lo que uno es durante 2 minutos.
Esta tarde sin embargo hubo algo distinto en el ejercicio, durante varios meses había querido visitar las orillas de un lago cerca al cual trabajo, cada vez que pasaba por ahí, era un componente más de mis impresiones lejanas que “algún día iría a conocer”. Durante la mañana los calosfríos y la sequedad del ambiente en casa eran difíciles de soportar, y decidimos dar un paseo en moto a ese lugar que me traía alguna grata impresión, luego de media hora estaba cerca al lago y decidí por primera vez bajar y sentir las olas golpeando la orilla, el reflejo de la luz del sol y el vapor que emanaba tan libremente. Esta humedad y calidez tan agradables apartaron cualquier sombra de preocupación diaria, me vi como un niño observando por primera vez el cielo o el campo… no estuve más de 10 minutos ahí cuando me llamaban para volver a las labores del día.
Antes de subir en la moto el impulso de hacer el ejercicio vino mientras que caminaba, esta vez sentía muy vívidamente el deseo de hacerlo, con una emoción muy positiva alce la mirada y sentí mi respiración mientras que recordaba quien era y porque estaba aquí, después de subir a la moto esta sensación no se apartó si no que se reforzó por la gran vista del lago alejándose mientras que subíamos a la sima de la montaña donde estaba el pueblo, durante el camino ese silencio mágico del “estar” siguió con mucha fuerza, sin duda no había hecho mayor esfuerzo que antes, incluso en este momento pareciera que todo hubiera venido de un impulso y circunstancias no planeadas. Creo ahora que los esfuerzos tienen que ser apoyados por muchas otras cosas que la sola fuerza de uno, los mismos esfuerzos puedan dar frutos extraordinarios cuando se dan las condiciones y uno mantiene el corazón abierto.