Cuando el trabajo sobre sí comienza, los hábitos mecánicos intentan resistirse. Por lo tanto, como ya se ha dicho, las primeras observaciones que podemos reunir sobre nosotros, son muestras de actitudes y actos mecánicos que han dominado nuestra vida por años. El modo en que caminamos, cómo balanceamos los brazos al hacerlo, qué postura adquirimos en cuanto nos sentamos, cómo reaccionamos cuando alguien nos habla, qué actitudes surgen en nosotros cuando se nos pide algo, cómo recibimos una nueva idea o un pedido (de manera positiva, entusiasta, crítica, escéptica, cínica, etc.)
Por supuesto, cada observación que se realiza, evoca en nosotros un tipo de reacción: asombro, incredulidad, enojo, o bien simplemente de olvido intencional a través de no darle importancia y “pasar a otro tema.”
Sin embargo, como una reacción mecánica es mecánica precisamente por ser una respuesta repetitiva habitual ante el mismo estímulo, si se tiene la suficiente paciencia como para sostener el deseo de observación por varios meses, llega el momento en que no se puede negar más lo que se ve y uno ya cuenta con un puñado de actitudes, actos y reacciones habituales que pueden volverse la base de una nueva etapa, que se puede llamar de colaboración. Y es muy probable que, para entonces ya tengamos bastante observada alguna expresión de negatividad muy frecuente en nosotros: que puede tratarse de reacciones de enojo, de aburrimiento, de desinterés, de lunatismo, etc. Cada uno tendrá la suya, pero si se ha observado, una reacción negativa frecuente no puede faltar.
“…Luego de una cierta cantidad de estudio y observación podemos llegar a la conclusión de que podemos liberarnos de las emociones negativas, que estas no son obligatorias. Aquí el sistema nos ayuda, porque nos muestra que, de hecho, no hay un verdadero centro para las emociones negativas, sino que pertenecen a un centro artificial en nosotros que creamos en la niñez imitando a las personas con emociones negativas que nos rodean. La gente hasta les enseña a los niños a expresar emociones negativas. Luego los niños aprenden más aún por imitación: imitan a los niños mayores que ellos, estos imitan a los adultos y de este modo a una edad muy temprana se vuelven profesores de emociones negativas.

“Es una gran liberación cuando comenzamos a entender que no hay emociones negativas obligatorias. Nacemos sin ellas pero, por alguna razón desconocida, nos enseñamos estas emociones.” P. D. Ouspensky, El cuarto camino, p. 17

De manera que podemos, por ejemplo, ponernos el propósito de tratar de no expresarlas. Por supuesto, lo primero que ocurrirá es que nos observaremos, bien expresándolas, bien descubriendo que las hemos expresado. Sin embargo llamándolas a colaborar con este aspecto particular del trabajo sobre sí, iremos descubriendo, con sorpresa muchas veces, que es un punto muy importante del comportamiento mecánico habitual.
Descubriremos también muchas actitudes frecuentes que nunca antes habíamos considerado como expresiones de negatividad. Y, sin dudas, habremos dado un gran paso, tanto hacia el descubrimiento del funcionamiento de nuestra psicología ordinaria, como hacia el recuerdo de sí.
Además, así habremos hecho colaborar a nuestros demonios particulares con nuestro propósito de permitir la presencia de nuestro verdadero Ser.

“…En el centro emocional no hay una parte negativa natural. La mayor parte de las emociones negativas son artificiales; no pertenecen propiamente al centro emocional y se basan en emociones instintivas que no se relacionan mucho con estas emociones, sino que son transformadas por la imaginación y la identificación.” P. D. Ouspensky, Psicología de la evolución posible del hombre, p. 65