El objetivo y meta de despertar requiere de toda nuestra astucia y del sabio uso de los recursos que se encuentran al alcance de nuestra mano. En nuestro ser disponemos, básicamente, de dos mitades. Una mitad formada por funciones heredadas o mecánicas, de tipo instintivas, motrices, emocionales e intelectuales y otra mitad compuesta por nuestro deseo, impulso y habilidades para estar estar presentes. En el mito Hindú del batido del océano de leche se sugiere la posibilidad de que estas dos mitades trabajen en una interdependencia cooperativa que, en similitud con el proceso cíclico del respirar, involucra una etapa de esfuerzo y tensión –inspiración– , y otra de relajo y distensión – espiración.

​Desde un punto de vista simple este mito, y la realidad psicológica que quiere mostrarnos, puede ser comprendida a través de la frase bíblica : “Dad al Cesar lo que es del Cesar… y a Dios lo que es de Dios”. El éxito en la campaña del despertar no radica en una supresión de las funciones inferiores de nuestro ser. El pretender ser virtuoso o excesivamente perfeccionista en las actitudes que normalmente promueven la presencia puede conducir al colapso o fracaso en esta campaña. En complemento, se sugiere seguir un camino intermedio.
​Este camino requiere de un conocimiento específico de si mismo. Para esto es necesario comprender que el Ser al que queremos liberar está contenido en una máquina, y que esta máquina necesita recibir alimentos, aire e impresiones para generar las sustancias que le dan vida, que le permiten moverse y que pueden permitir, incluso, el Recuerdo de Si. Uno debe reconocer que alimentos e impresiones le pueden ayudar particularmente a uno a generar presencia. En esto radica ser “astuto”. La efectividad de este accionar “astuto” dependerá del conocimiento especifico que tengamos de nuestra mecanicidad y de sus reacciones frente a distintos alimentos e impresiones. Uno debe intencionalmente “dar al Cesar” alimentos e impresiones que desde lo inconsciente sirvan a lo consciente.
​En la segunda fase del ciclo se produce la digestión de los alimentos e impresiones que se han “dado”. Aquí, según mi experiencia, las partes ya alimentadas se retiran para dar espacio a la manifestación de habilidades intensificadas y renovadas para estar presente. En la primera fase somos considerados y atentos con la maquina que nos contiene, para que en una segunda fase esta consideración y atención se intensifique en el seno de la presencia y de la percepción de si mismo.
​Conocerse a si mismo, comprenderse a si mismo, comprender la verdadera naturaleza y potencialidades de todas las partes que, en nuestro ser, ayudan a estar presente requiere de la creación de un entendimiento propio basado en el esfuerzo, la experiencia, el ensayo y el error. “Feliz es aquel que vive a través de su propio entendimiento pues él ya no está más en las sombras sino en la luz”, dijo Bernardo de Clairvaux. Este entendimiento es la comprensión del esfuerzo correcto y de las acciones que se deben tomar en consecuencia para sostener la luz de la presencia sobre uno mismo.