Cómo Tapar las Fugas de Energía

La psicología es el estudio del desperdicio. Gran parte de lo que observamos en nosotros mismos es una forma de eliminar energía. Físicamente, gastamos el exceso de energía en casi todos nuestros movimientos, levantando cosas con demasiada fuerza, moviéndonos con prisa y fervor injustificadas, incluso tensando los músculos mientras estamos sentados o acostados. Emocionalmente, se nos fuga energía a través de la ansiedad, temores, guardar rencores, el juicio perpetuo de los demás y de nosotros mismos, y nuestra constante consideración de lo que otros piensan o esperan de nosotros. Intelectualmente, se nos fuga energía a través del soñar despiertos, a través de discusiones internas y al reproducir en nuestras mentes eventos pasados ​​o fantasear con los futuros. Cuanto más profunda es nuestra autoobservación, más revela un espectro notablemente amplio de desperdicio de energía.

Al funcionar así, nos ajustamos al patrón mayor de la naturaleza. La naturaleza en general se rige por el principio del desperdicio. Las plantas producen abundante polen y flores, los animales abundante esperma y óvulos, todo en un intento continuo por perpetuarse. La producción es tan grande que las probabilidades más pequeñas son suficientes. Si solo una de cada diez mil bellotas madura en un roble, o uno de cada diez mil renacuajos se convierte en una rana, entonces la naturaleza ha cumplido su objetivo y se ha justificado el notable desperdicio.

Cuando el objetivo cambia, sin embargo, también debe hacerlo la actitud hacia el desperdicio. Los agricultores que aspiran a producir vino ya no pueden permitir que sus vides se propaguen salvajemente, como lo harían por naturaleza. El crecimiento desenfrenado de la vid afecta la vitalidad de su fruto, además de dificultar su manipulación. Para aumentar la calidad, los agricultores deben frenar la tendencia natural de la vid a la cantidad. Del mismo modo, si nuestro objetivo es desarrollar un elemento gobernante dentro de nosotros que controle la prisa, el juicio o el soñar despierto, ya no podemos permitirnos nuestra vida descuidada de desperdicio. Debemos estudiar nuestras fugas de energía habituales y comenzar a taparlas.

Este ha sido nuestro trabajo de marzo.

Al comenzar a luchar contra todos estos hábitos, un hombre ahorra una enorme cantidad de energía, y con la ayuda de esta energía puede emprender fácilmente el trabajo del estudio de sí y del perfeccionamiento de sí.
Gurdjieff