Heraldo Esquiche es un nuevo contribuyente de ggurdjieff.es, que publicará artículos mensualmente.

Gurdjieff-Heraldo EsquicheCaminaba las calles coloniales de roca volcánica blanca que le traían paz y cierto confort a este jovencito de 17 años que tenía muchas ideas que atormentaban su mente a tal punto de no desear saber más, y de simplemente caminar sin rumbo alguno, sin preguntas ni respuestas de ningún tipo; lo cual era contradictorio, ya que por casi los últimos cinco años había buscado incansablemente una respuesta a las preguntas básicas que la vida le presentaba a tan corta edad, respuestas que tal vez calmarían la angustia y vacío interno que lo acompañaba silenciosamente. Las películas de cine independiente, las puestas pictóricas, los conciertos de música clásica, y algunos libros mantenían lejos el desasosiego por ciertos momentos, sin embargo esa tarde simplemente sentí que lo que veía era algo nuevo, un pequeño afiche que parafraseaba el pensamiento: que algo existiría solo cuando uno mismo sepa de su necesidad, y dos figuras algo llamativas en el mismo afiche, George I. Gurdjieff y Peter y Peter D. Ouspensky, junto a ellas las palabras “El Cuarto Camino”, cierta curiosidad muy grande me inundo, ya que ninguna de las ideas exploradas antes me atraía ahora en absoluto, y sentía incluso cierta aversión a cualquiera de ellas y por otra parte tenía muy claro que necesitaba algo y que ese algo según este pensamiento, debería existir.
Sabía que tenía que buscar más acerca de esta tradición o lo que fuera que sea, el primer libro que llego a mis manos fue “La psicología de la Posible Evolución del Hombre”, ese pequeño libro cambio el enfoque de todo lo que había buscado, los demonios que me perseguían se convirtieron en “Yoes”, la explicación me fue útil y la usé. Aún recuerdo al comienzo del libro donde decía, “En realidad seria dañino que crean lo que les digo, entonces les pido que no crean pero que tampoco rechacen las ideas, guárdenlas para futuras experiencias”.
Las experiencias han sido grandes y pequeñas, cotidianas y algunas extraordinarias, “el trabajar con las ideas” le ha dado espacio a algo más real en mí, el comprender la naturaleza misma de mis limitaciones y posibilidades ha abierto esa brecha a veces muy grande entre el ser y el hacer, entre el sueño y el despertar.