Gurdjieff-asaf-braverman
Encontré el Cuarto camino en una librería. Eran días antes de Internet, en los que se buscaba nuevo conocimiento en el negocio local.  Estaba desesperado buscando significado. Buscaba una explicación para el caos adentro y afuera de mí. Tenía que encontrarle un significado a la vida más profundo que la seguridad financiera y el confort biológico, o dejar la vida por completo.
Había puesto mis esperanzas en el reino de la psicología. Si solo pudiera entenderme mejor –pensaba– podría comprender todo lo demás. La filosofía parecía demasiado teórica, la ciencia y la metafísica demasiado poco prácticas, la espiritualidad corriente demasiado quimérica.
Tenía el hábito de recorrer periódicamente la sección de psicología, hasta que un día me encontré con un título inusual: El Cuarto Camino, por el autor ruso P. D. Ouspensky. El libro contenía una serie de preguntas y respuestas basadas en las enseñanzas de George Gurdjieff. Di vuelta el libro y encontré la siguiente cita:
“Debemos estudiar al hombre paralelamente al mundo en que vive… el hombre es análogo al universo; las mismas leyes operan en él y encontraremos más fácil entender algunas de estas leyes estudiando el hombre, en tanto que otras leyes las podemos entender mejor estudiando el universo.”
“O este hombre es presuntuoso,” me dije a mí mismo, “o realmente tiene algo que decir.” Compré el libro para averiguarlo.

Valorar a Gurdjieff y el Cuarto Camino

La primera oración que leí del primer párrafo de la primera página puso este libro aparte de todo lo que hubiera leído antes:
“Quiero dejar particularmente impreso en sus mentes que las ideas más y principios importantes del sistema no me pertenecen. Esto es principalmente lo que las hace valiosas…”
Todo lo que había leído antes pertenecía a alguien: El psicoanálisis de Freud, o la psicología analítica de Jung o la psicología individual de Adler. Me había acostumbrado al autor sintiéndose orgulloso de su propia presentación. ¡Sin embargo, había un hombre que comenzaba su presentación proclamando que no era su propiedad!
Ouspensky había recibido su conocimiento de George Gurdjieff, quien también admitía que sus orígenes eran mucho más antiguos y profundos que él mismo. Las siguientes páginas de El Cuarto Camino confirmarían la profundidad de este sistema y demostrarían que era mucho más “sistemático”  que cualquier cosa que hubiera encontrado jamás. Todas las ideas se relacionaban entre sí y todas apoyaban un punto central como rayos que apoyan un buje central.
Ese buje central era el recuerdo de sí. Cuando mis ojos encontraron esa frase, cerré el libro y me senté en silencio. Sabía que había encontrado la llave perdida que abriría los enigmas dentro y fuera de mí. Sabía que había encontrado la verdad.
“Porque no puede recordarse, no se puede concentrar y, por eso, tiene que admitir que no posee voluntad. Si se pudiera recordar a sí mismo, tendría voluntad y podría hacer lo que le gustara… Esta es la situación desde que tenemos que comenzar el estudio de sí.”